CONOCE LA INTERSEXUALIDAD. Y NO LE TENGAS MIEDO.

Si algún colectivo LGTB+ es especialmente vulnerable ante la desinformación y el desconocimiento de la sociedad, y por lo tanto su discriminación, ese colectivo es el intersexual. La violencia social que se ejerce sobre quienes no se adecuan a las normas de sexo y género y la patologización del sufrimiento que ésta provoca es una lacra a suprimir, con formación y reivindicación.

Empezamos por formarnos: la intersexualidad tiene que ver con el estado de los
genitales de una persona al nacer y consiste en una situación donde el aspecto de éstos
no permite dilucidar a qué sexo pertenece el bebé. Esta realidad afecta a uno de cada
2.000 nacimientos y en todos los casos son situaciones congénitas, lo que significa
que no han sido provocadas voluntariamente por la persona.La identidad de género o identidad sexual no tiene nada que ver con los genitales.
Los genitales no informan sobre nuestra identidad sexual. Cualquier persona
transexual nos puede dar ejemplo de ello. De la misma manera nacer con unos
genitales “indefinidos” no conlleva ninguna identidad sexual “indefinida” ni
“intermedia”. Debe de ser la persona quien decida libremente cuál es su identidad y
cómo quiere ser definida.

La intersexualidad tampoco debe confundirse con la “personalidad intergénero”
(persona que defiende la superación de la dicotomización de géneros), ya que la
intersexualidad es algo biológico, congénito y no responde a ningún activismo
político ni a posicionamiento filosófico alguno que use el cuerpo como exponente del
activismo personal.

La realidad más preocupante de la intersexualidad es su tratamiento como un “cuerpo
enfermo” por su ambigüedad genital dentro del discurso médico, que aplica un
protocolo para definir al cuerpo dentro del binarismo sexual (genitales masculinos o
femeninos) a través de un proceso quirúrgico de “normalización” que supone una
mutilación genital que atenta contra la autonomía sexual de la persona que no encaja
dentro de “hombre” o “mujer”, suponiendo así la negación de la diversidad humana. Y
dentro del discurso jurídico se entiende que esta operación que “normaliza” el cuerpo
es de una categoría de urgencia psico-social para que la persona sea capaz de
adaptarse a la normalidad. Este problema que se presenta como una inadaptación se
corrige con una mutilación para poder incluir al recién nacidx en el registro civil que
solo acepta las categorías hombre/mujer. El fin del discurso médico-jurídico es el de
incluir este “cuerpo enfermo” dentro de la heteronormatividad, es decir, conseguir un
cuerpo que se adapte a la realidad heterosexual, un cuerpo masculino para penetrar y
uno femenino para ser penetrado. Si este cuerpo se escapa de la norma heterosexualdel coito con penetración únicamente para ser completo, este cuerpo se cataloga como
“enfermo”, “raro”, “disfuncional” y por ello se requiere una intervención, en muchas
ocasiones sin el asesoramiento a padres/madres/tutorxs y sin conocer cómo será el
desarrollo del menor en el futuro.

Y ahora reivindicamos:

– Queremos hacer visible la violencia que se ejerce sobre las personas intersexuales
mediante los procedimientos médicos vigentes. Un 14% no queda a gusto con el sexo
reasignado al nacer. Los cuerpos que no responden anatómicamente a la clasificación
médica occidental vigente son catalogados bajo el epígrafe de intersexualidad,
condición que, “per se”, es considerada patológica. La clasificación médica continúa
aún hoy en día sin ser interrogada. En lugar de patologizar al verdugo siempre
patologiza a la víctima. Lo cierto es que intervenir a recién-nacidxs intersexuales
(aquellas personas con genitales ambiguos funcionales) con violentos tratamientos
normalizadores supone tratar de borrar la posibilidad de estos cuerpos y vetar la
existencia de las diferencias. No se puede invisibilizar y patologizar el resto de
opciones existentes, y marcar un único camino que no cuestione el dogma político
sobre el que se fundamenta nuestra sociedad: la existencia, única y exclusiva, de solo
dos formas de ser y sentir. Diversidad que, hoy, dignificamos.

– Reivindicamos el derecho a decidir libremente si queremos o no modificar nuestros
cuerpos y poder llevar a cabo nuestra elección sin impedimentos burocráticos,
políticos ni económicos, así como fuera de cualquier tipo de coerción médica.

– Hoy podemos decir que la visibilidad es posible, que las personas intersexuales
existen. Decimos y reclamamos que es hora de trabajar por decir alto y claro que las
personas intersexuales NO son enfermxs y no precisan de procesos médicos de
normalización binaria. De “normalización” ya que reducen la diversidad a sólo dos
maneras de vivir y habitar el mundo: las consideradas estadística y políticamente
“normales”, sin plantear la posibilidad de otra clasificación que abarque más allá de
dos únicas categorías.

– Reclamamos nuestro derecho a autodenominarnos en lugar de que lo hagan
instituciones empeñadas en definir lo “normal” y lo “anormal”. Para de esta manera
las personas intersexuales puedan vivir su realidad, sin miedo. Y el resto, a su vez,
integrarlas sin temores.

¡Por la diversidad de nuestros cuerpos y nuestras identidades!